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Una característica importante del ser humano es que su aproximación a la realidad está mediada por la cultura y la sociedad de la que forma parte. Más aun, su propia constitución como sujeto se realiza en relación con el grupo del cual depende.
Fundamental es, entonces, dar cuenta de cómo los individuos son parte de grupos sociales en complicidad con los cuales configuran su identidad.
La socialización Primaria:
Se trata de del acceso básico que tiene toda persona a un grupo social que le da protección y gracias al cual puede sobrevivir e incorporarse a la cultura. Se refiere generalmente al grupo familiar en el que todo individuo crece, aunque no debemos perder de vista que ello tiene excepciones. Por la misma razón, la socialización primaria se produce en la primera etapa de la vida, y gracias a ella el individuo se convierte en miembro de un grupo social con patrones culturales característicos, como por ejemplo el lenguaje. Por otra parte, la socialización primaria deja una impronta que perdura hasta buena parte del desarrollo de la personalidad del individuo, y que es en gran medida de carácter inconsciente, donde las figuras paterna y materna tienen gran importancia.
La identidad y la socialización:
Cuando hablamos de identidad nos referimos a ciertos rasgos que son propios de un individuo o un grupo, de forma tal que le son característicos. En el caso del individuo le da una cierta coherencia y una cierta mismidad. Sin embargo, debemos señalar que existe una identidad individual o personal según la cual la persona es absolutamente única, y una identidad social, que no es excluyente de la primera, pero que configura todos aquellos elementos y aspectos que denotan la pertenencia a un cierto grupo social, con ciertos rasgos y comportamientos colectivos. Así por ejemplo, las personas se reconocen como hombres o mujeres, de una determinada clase social, grupo étnico, con una profesión u oficio, con una orientación política y religiosa, entre otras. En dicho sentido, las llamadas “tribus urbanas” representan un ilustrativo ejemplo de pertenencia a un grupo y construcción de identidad por parte de los jóvenes.
Debemos tener claro no obstante, que la relación y coexistencia de diferentes grupos sociales dentro del amplio tejido social, presenta siempre matices de conflictividad. En efecto, muchos de los grupos presentan tensiones frente a otros.
Desarrollando este tema, se debe señalar que todo grupo social señala relaciones de inclusión y exclusión para constituirse: existe un “nosotros” (endogrupo), un conjunto de personas integrantes de esa categoría, y existen los que están fuera del grupo, que se definen como “los otros” (exogrupo), aquellos que son diferentes, que no son parte del mismo grupo. De esta forma, todo grupo, al definir su identidad lo hace por oposición a un exterior que señala como ajeno, pero del cual necesita para diferenciarse.
Desde luego, la relación entre la identidad personal y la social señala también distintos conflictos cuando se refiere a ciertas normas y valores de conducta. Por otra parte, muchas de las normas de conducta de un grupo se construyen por oposición y diferencia frente a lo que se “cree” propio del “otro grupo”. El caso de los roles de género es muy ilustrativo a este respecto.
Estereotipos y prejuicios:
El estereotipo es una generalización de características, que se manifiesta como creencias o sistema de información, que constituye la dimensión cognitiva de un prejuicio. Los estereotipos son un juicio anticipado acerca de un determinado grupo social y los sujetos que lo componen, y que reduce a dichos sujetos a ciertos elementos constitutivos. Usualmente tenemos estereotipos acerca de todos los grupos sociales que en parte son útiles cuando nos permiten anticipar acontecimientos y acercarnos a dichos sujetos. No obstante, todo estereotipo contiene también una valoración cualitativa en términos positivo-negativo, malo-bueno y otros. Es por esta razón, y según la predominancia que les demos a los estereotipos, es que ellos pueden derivar en prejuicios, los cuales se manifiestan en reacciones, predisposiciones y conductas en referencia a ciertos grupos e individuos. Lo anterior es especialmente importante de cuidar cuando los prejuicios señalan conductas discriminatorias y de segregación que pueden ir desde la simple comparación hasta comportamientos agresivos y violentos. Lamentablemente, la historia universal y local está llena de ejemplos sobre lo último.
Fundamental es, entonces, dar cuenta de cómo los individuos son parte de grupos sociales en complicidad con los cuales configuran su identidad.
La socialización Primaria:
Se trata de del acceso básico que tiene toda persona a un grupo social que le da protección y gracias al cual puede sobrevivir e incorporarse a la cultura. Se refiere generalmente al grupo familiar en el que todo individuo crece, aunque no debemos perder de vista que ello tiene excepciones. Por la misma razón, la socialización primaria se produce en la primera etapa de la vida, y gracias a ella el individuo se convierte en miembro de un grupo social con patrones culturales característicos, como por ejemplo el lenguaje. Por otra parte, la socialización primaria deja una impronta que perdura hasta buena parte del desarrollo de la personalidad del individuo, y que es en gran medida de carácter inconsciente, donde las figuras paterna y materna tienen gran importancia.
La identidad y la socialización:
Cuando hablamos de identidad nos referimos a ciertos rasgos que son propios de un individuo o un grupo, de forma tal que le son característicos. En el caso del individuo le da una cierta coherencia y una cierta mismidad. Sin embargo, debemos señalar que existe una identidad individual o personal según la cual la persona es absolutamente única, y una identidad social, que no es excluyente de la primera, pero que configura todos aquellos elementos y aspectos que denotan la pertenencia a un cierto grupo social, con ciertos rasgos y comportamientos colectivos. Así por ejemplo, las personas se reconocen como hombres o mujeres, de una determinada clase social, grupo étnico, con una profesión u oficio, con una orientación política y religiosa, entre otras. En dicho sentido, las llamadas “tribus urbanas” representan un ilustrativo ejemplo de pertenencia a un grupo y construcción de identidad por parte de los jóvenes.
Debemos tener claro no obstante, que la relación y coexistencia de diferentes grupos sociales dentro del amplio tejido social, presenta siempre matices de conflictividad. En efecto, muchos de los grupos presentan tensiones frente a otros.
Desarrollando este tema, se debe señalar que todo grupo social señala relaciones de inclusión y exclusión para constituirse: existe un “nosotros” (endogrupo), un conjunto de personas integrantes de esa categoría, y existen los que están fuera del grupo, que se definen como “los otros” (exogrupo), aquellos que son diferentes, que no son parte del mismo grupo. De esta forma, todo grupo, al definir su identidad lo hace por oposición a un exterior que señala como ajeno, pero del cual necesita para diferenciarse.
Desde luego, la relación entre la identidad personal y la social señala también distintos conflictos cuando se refiere a ciertas normas y valores de conducta. Por otra parte, muchas de las normas de conducta de un grupo se construyen por oposición y diferencia frente a lo que se “cree” propio del “otro grupo”. El caso de los roles de género es muy ilustrativo a este respecto.
Estereotipos y prejuicios:
El estereotipo es una generalización de características, que se manifiesta como creencias o sistema de información, que constituye la dimensión cognitiva de un prejuicio. Los estereotipos son un juicio anticipado acerca de un determinado grupo social y los sujetos que lo componen, y que reduce a dichos sujetos a ciertos elementos constitutivos. Usualmente tenemos estereotipos acerca de todos los grupos sociales que en parte son útiles cuando nos permiten anticipar acontecimientos y acercarnos a dichos sujetos. No obstante, todo estereotipo contiene también una valoración cualitativa en términos positivo-negativo, malo-bueno y otros. Es por esta razón, y según la predominancia que les demos a los estereotipos, es que ellos pueden derivar en prejuicios, los cuales se manifiestan en reacciones, predisposiciones y conductas en referencia a ciertos grupos e individuos. Lo anterior es especialmente importante de cuidar cuando los prejuicios señalan conductas discriminatorias y de segregación que pueden ir desde la simple comparación hasta comportamientos agresivos y violentos. Lamentablemente, la historia universal y local está llena de ejemplos sobre lo último.